La llegada de un hijo pone nuestra vida patas arriba: redirigimos el centro de nuestra existencia hacia otra persona, sustituimos hábitos, condicionamos nuestros horarios a los suyos y luchamos por compatibilizar la vida profesional con una vida personal con más responsabilidades (y satisfacciones).

Sin apenas darnos cuenta, esas personitas nos convierten en seres diferentes y, en muchos aspectos, mejores.

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Es cierto, los hijos nos cambian a mejor. Nos damos cuenta que cuando decíamos "no podré querer a nadie más como a ti" es falso, nos damos cuenta del amor tan inmenso que somo capaces de sentir. Por mis hijos moriría, y "mataría".
Es enriquecedor ver como podemos guiarles por el precioso camino del aprendizaje.
Soy una madre de 2 hijos y, si no fuera por la sociedad actual, tendría 3 más. Es la mejor etapa de mi vida, agotadora sí, pero llena de amor, satisfacción y "embobamiento" al ver a esas pequeñitas personas que se apoderán de ti.
Deberíamos aprender más de ellos porque soy un vivo ejemplo de superación, amor, sinceridad, ilusión.........Que Dios bendiga a todos los niños......y a los adultos que aún conservan su magia.

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